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martes, 10 de noviembre de 2015

El 75 por ciento de nuestra salud neuronal depende del ambiente y el estilo de vida

La psicóloga María José Lluy presentó un programa creado en Mallorca (España) para contrarrestar el envejecimiento cerebral que se da con la edad

La psicóloga María José Lluy destacó una serie de situaciones que "pueden llevar a pensar que la persona está comenzando a tener Alzheimer" y que pueden ser motivo de alarma suficiente para contactar con un especialista. Entre ellos se encuentran cambios de memoria que afectan a la vida diaria, como el "olvido del nombre de un familiar", no recordar "una receta sencilla", no saber hacer "tareas simples como lavar los platos", olvidarse de cosas como que "el paraguas va en el paragüero" o colocar las cosas en lugares equivocados. De la misma forma, no recordar palabras cotidianas como "hijo" o "casa", la aparición de cambios bruscos de personalidad o humor y la pérdida o disminución del juicio pueden ser otros síntomas reveladores de que la persona está empezando a sufrir la enfermedad.

Ramón oliver palma

El cerebro "tiene la forma de una nuez gigantesca", pero es el órgano "en el que reside todo". Es "la herramienta más potente de la que disponen las personas, tiene capacidad para 20 millones de libros y debe cuidarse en todas las edades". Así abría su presentación la psicóloga María José Lluy, subdirectora y cofundadora del programa Brainfactory + 50, destinado a luchar contra el desgaste cerebral al que se ven sometidas las personas mayores con el envejecimiento. 

Dolencias como el Alzheimer o ciertos tipos de demencias que se producen con la edad "preocupan a todo el mundo porque son enfermedades cuyo origen se desconoce y para las que no existe cura".

Sin embargo, como explicó Lluy para presentar el programa, se puede luchar contra el envejecimiento neuronal: "Nuestro cerebro es como un músculo que puede ejercitarse durante toda la vida para mantenerse en forma". Creado en Mallorca, el programa Brainfactory +50 es un sistema de entrenamiento cerebral diseñado para contrarrestar las enfermedades degenerativas. Según Lluy, la importancia y validez del programa radica en que "es personalizado, adaptado a las necesidades de cada cerebro" y que, a partir de dos pruebas test, permite saber a los profesionales si la reserva cognitiva del paciente ya se está deteriorando.

Entrenamiento cerebral

Lluy insistió en la necesidad de seguir una serie de hábitos saludables para retrasar la aparición de estas enfermedades: "El 25 por ciento de nuestro estado de salud neuronal está relacionado con la genética, mientras que el 75 por ciento restante depende del ambiente, los hábitos y el estilo de vida". Para la psicóloga, "esa cifra es muy alta y es ahí donde tenemos que hacer algo". 

Las personas mayores de 50 años son las que se encuentran en la franja de riesgo, por lo que el programa se enfoca a ellas. Por esa razón, durante la charla se dieron una serie de pautas y consejos para luchar contra enfermedades como el Alzheimer mucho antes de que se manifiesten. "Es importante mantener la mente joven y activa, seguir aprendiendo cosas y no hacer caso de los prejuicios sociales que hay acerca de la gente mayor".

Entre los consejos más relevantes, principalmente, Lluy explicó que es importante "dormir bien, ya que el cerebro organiza la información que hemos recibido durante el día" y tener una buena alimentación, ya que "aunque lo hayamos oído muchas veces, somos lo que comemos".

Sin embargo, explicó que también es bueno realizar diariamente actividades sencillas como cantar, nadar, escribir, leer, bailar o simplemente relajarse. Incluso cosas como hacer la compra, escuchar música, caminar, reír o subir y bajar escaleras tienen una serie de efectos beneficiosos para el cerebro. Según Lluy, acciones como bailar "nos ayudan a trabajar el equilibrio", y actividades como dejar la mente en blanco un minuto al día ya "se notan desde el punto de vista cerebral".

De la misma forma, leer "es una de las mejores herramientas contra el desgaste neuronal" y destacó los efectos positivos de la música clásica en el cerebro. El programa fue comparado por Lluy con el gimnasio a la hora de hacer ejercicio: "Si no hay suficiente con la actividad diaria, puede ser necesario".

lunes, 9 de noviembre de 2015

Conociendo la enfermedad de Parkinson

La enfermedad de Parkinson es un trastorno crónico y progresivo, de evolución muy variable y difícilmente predecible, con una esperanza de vida de 10-15 años desde el comienzo de los síntomas. En la mayoría de los casos el comienzo es lento y el curso progresivo. Los factores de riesgo para una rápida progresión de la enfermedad son el comienzo tardío, la presencia de depresión mayor o demencia y el predominio de la rigidez y de la dificultad de movimientos. La mortalidad es entre 2 y 5 veces mayor que en las personas sanas de la misma edad, y el fallecimiento suele ser debido a otras causas, fundamentalmente por complicaciones como neumonía por aspiración, ulceras por presión, caída, etc.

Su etiología es desconocida y probablemente multifactorial. Pueden estar implicados factores genéticos, ambientales, daño oxidativo y envejecimiento acelerado cerebral. Tiene la misma distribución de raza y sexo. La edad media de comienzo está en torno a los 55 años aunque existen formas tempranas de la enfermedad (un 5-10% de los pacientes tienen menos de 40 años).

En ocasiones, su diagnóstico es difícil, debido a su curso. Su inicio suele ser unilateral aunque posteriormente se hace bilateral. Los síntomas guía son:

  • Temblor. Es el primer síntoma en el 75% de los casos. Se caracteriza por ser de reposo, aunque a veces se presenta al mantener una postura, es amplio, desaparece con el sueño y empeora en situaciones de estrés. Afecta a las manos (cuenta de moneda) pies, cara (mueca de conejo), mandíbula y músculos de la lengua.
  • Bradicinesia (enlentecimiento de los movimientos) acinesia (dificultad para el movimiento) e hipocinesia (reducción de la amplitud de los movimientos). Afecta principalmente a la cara y músculos de las extremidades, por lo que se convierte en uno de los síntomas más incapacitantes. Es responsable de la dificultad o bloqueo para comenzar algunos movimientos como pasear o girarse en cama, así como de la micrografía, dificultad para abrocharse los botones, tono de voz monótono, etc.
  • Rigidez. Provocada por el aumento del tono, conlleva una mayor resistencia para la realización del movimiento pasivo de la extremidad afecta (“rigidez en rueda dentada”).
  • Asimismo, pueden objetivarse:
    • Alteración de los reflejos posturales.
    • Afectación de la estabilidad y el equilibrio, caminar inclinado hacia delante de hombros y cabeza, que provoca caídas frecuentes
    • Trastornos cognitivos y neuropsiquiátricos: deterioro cognitivo y demencia, depresión, ansiedad y ataques de pánico, alucinaciones y psicosis.
    • Trastornos del sueño.
    • Trastornos del habla y de la deglución.
    • Trastornos sensoriales: síndrome de las piernas inquietas, neuropatía periférica.
    • Alteraciones autonómicas: estreñimiento, trastornos genitourinarios, hipotensión ortostática, alteraciones de la termorregulación, olfato y sudor, dolor, seborrea y blefaritis. 

Su diagnóstico es exclusivamente clínico. No existe ningún marcador bioquímico que oriente al diagnóstico. La determinación de test genéticos estaría indicada solo en las formas familiares de la enfermedad de Parkinson.

Pueden utilizarse técnicas de neuroimagen, como la tomografía axial computadorizada (TAC), la resonancia nuclear magnética (RNM), y otras técnicas para el diagnóstico diferencial de la enfermedad de Parkinson idiopática de la secundaria, lo que también puede realizarse con una correcta evaluación clínica.

El diagnóstico diferencial se debe hacer con las siguientes patologías:
  • Parkinsonismos atípicos, principalmente en estadios iniciales de la enfermedad: enfermedades degenerativas como demencia tipo Alzheimer o enfermedad de cuerpos de Lewy.
  • Parkinsonismos secundarios:
    • Fármacos: antipsicóticos, metoclorpamida, cinaricina, amiodarona, litio, alfametildopa, inhibidores de la recaptación de serotonina, inhibidores de la acetilcolinesterasa, etc. Suele ser transitorio.
    • Enfermedad cerebrovascular.
    • Infecciones (encefalitis vírica, infecciones asociadas al VIH, etc.)
    • Sustancias tóxicas (monóxido de carbono, metanol, alcohol, etc.)
    • Traumatismos cerebrales repetidos (boxeadores).
    • Tumores.
    • Hidrocefalia.
    • Hematoma subdural crónico.

El tratamiento requiere un enfoque multidisciplinar e individualizado de forma que se inicie cuando exista un cierto grado de deterioro funcional, si bien el momento exacto depende de factores como la severidad, la incapacidad funcional, la edad, la alteración cognitiva, la comorbilidad, los problemas psicosociales y lo que el paciente espera del tratamiento. No existe curación ni prevención, pero sí se puede conseguir el control de la mayoría de los problemas que ocasiona.

En cuanto al tratamiento farmacológico, en los mayores de 70 años, la L-dopa sigue siendo la base del mismo, iniciándose con la menor dosis posible por la mayor frecuencia de efectos adversos (alucinaciones, hipotensión postural, delirium, problemas gastrointestinales). Posteriormente, se debe ir aumentando la dosis progresivamente. Mejora casi todos los síntomas de la enfermedad aunque mejoran en menor grado el temblor y las alteraciones de la marcha. No detiene la progresión de la enfermedad, a pesar de la mejoría sintomática siendo sólo un tratamiento paliativo.

Entre el resto del arsenal terapéutico, se encuentran otros grupos de fármacos como los agonistas dopaminérgicos y los inhibidores de la COMT. Tienen una importancia menor, aunque pueden usarse para retrasar la aparición o mejorar los efectos secundarios de la L-dopa. En cuanto a los anticolinérgicos, deberían evitarse de rutina en adultos mayores  por sus efectos secundarios, salvo como intento terapéutico ante la presencia de temblor muy incapacitante o distonía.

El tratamiento quirúrgico, mediante la cirugía estereotáxica y la estimulación crónica de ciertos núcleos encefálicos con estimuladores cerebrales profundos, y en el futuro la cirugía con implantes celulares de diversos tipos, son opciones terapéuticas, no exentas de riesgos, que todavía están en vías de desarrollo y con unas indicaciones muy concretas.

La rehabilitación y el mantenimiento de la actividad física son un complemento fundamental indispensable del tratamiento médico, para luchar contra la disminución de la actividad física, la rigidez y sus consecuencias, aunque no tiene efectos sobre el temblor.

Fuente: MAPFRE

viernes, 6 de noviembre de 2015

La dieta mediterránea mantiene el cerebro en buena forma durante la vejez

Pocos días antes de que la OMS diera a conocer su informe sobre los perjuicios del consumo de carnes rojas y procesadas, se publicó un estudio también relacionado con salud y alimentación, pero que fue poco reproducido por los medios.

El 21 de octubre, en la revista estadounidense Neurology aparecieron los resultados de una investigación de la Universidad de Columbia, en Nueva York, que señalan que seguir la llamada dieta mediterránea, basada en pescado, verduras, legumbres, cereales, frutas frescas y secas, y grasas monoinsaturadas como el aceite de oliva, podría reducir el encogimiento y el envejecimiento del cerebro. El estudio, dirigido por la neuróloga Yian Gu, fue realizado en 674 estadounidenses que promediaban los 80 años. Entre las conclusiones estaban los siguientes datos sorprendentes:

El cerebro de quienes mantenían una dieta cercana a la mencionada era más grande, y el volumen de masa gris era mayor que el de aquellos que no llevaban ese tipo de dieta. Eso, según la investigación, equivalía a unos cinco años de envejecimiento, con perjuicio, por supuesto, para los peor alimentados.

La relación se establecía entonces entre una alimentación sana, que reduciría el riesgo de enfermedades cardiovasculares, y eso a la vez influiría en la conservación del tamaño del cerebro a edades avanzadas.

En general, la información acerca de la dieta mediterránea, y en particular el estudio de la Universidad de Columbia, hacen hincapié en que, para que los beneficios sean óptimos, la alimentación regular debe ser limitada en carnes, en productos lácteos y en grasas saturadas y, por el contrario, suficiente en pescado, es decir de al menos 115 gramos por semana. En términos especializados eso quiere decir una dieta rica en Omega 3 y en antioxidantes.

Pero entre los alimentos beneficiosos también hay los más destacados, como las nueces, y hay a la vez detalles que tener en cuenta, por ejemplo el de limitar el consumo de peces grandes como el espada o la caballa, en los que la concentración de mercurio puede ser nociva.

Antes de que la comunidad científica hablara sobre los efectos de la dieta mediterránea en el volumen que toma el cerebro en su proceso de envejecimiento, había sido más específica y mostrado un mayor consenso respecto a la relación de ese tipo de alimentación con la enfermedad de Alzheimer. Los beneficios, en ese caso, serían indudables.

Más allá de sus beneficios para la salud, la dieta mediterránea constituye un estilo de vida y una herencia cultural que tiene siglos de historia. Prueba de su relevancia es que en noviembre de 2010 fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por parte de la Unesco.

Entrevistados: Dr. Mario Riverol, neurólogo en la clínica Universidad de Navarra, y Dra. Teresa Cóccaro, nutricionista del Instituto de Neurociencias de Buenos Aires.

Fuente: Españl RFI

jueves, 5 de noviembre de 2015

Beneficios de la naranja

Las naranjas son una de las frutas más nutritivas que hay. Además de la inmensa cantidad de beneficios de la naranja para la salud, también son extremadamente deliciosa. Las naranjas son una de las frutas más populares en todo el mundo y no creo que haya ninguna parte del mundo que vaya a ir y no las encuentre.

La  naranja es de la familia ructaceae , que cuenta con otros miembros como el pomelo, o la mandarina. En este artículo, vamos a echar un vistazo a algunos de los grandes beneficios de la naranja para nuestra salud y rendimiento deportivo. Tal vez después de leer el artículo entero se convertirá en un fan de las naranjas, estoy convencido.

Previene el cáncer

Según los científicos, el consumo regular de  naranjas puede ayudar a luchar contra el cáncer, como el cáncer de pulmón, cáncer de boca, cáncer de mama y cáncer de piel. Las naranjas tienen un compuesto en ellas llamado D-limoneno, que también se encuentra en otras frutas cítricas. Este componente  juega un papel muy importante en la prevención de los tipos de cánceres mencionados anteriormente.

Presión arterial

Las naranjas juegan un papel crucial en la reducción de la presión arterial. Las naranjas tienen la hesperidina, un compuesto que los estudios han demostrado que juega un papel importante cuando se combina con el magnesio para disminuir la presión arterial en una persona.

Baja los niveles de colesterol “malo”

La naranja puede ayudarnos a bajar los niveles de colesterol malo en los seres humanos . El mismo compuesto de hesperidina que está en las naranjas que reduce el nivel de la presión arterial alta, es la misma propiedad que nos ayuda a bajar los niveles de colesterol malo en el cuerpo.

Al hacer esto, la hesperidina funciona en conjunción con otro compuesto muy importante en naranja llamada pectina.  De acuerdo con expertos de la salud, la pectina evita que el cuerpo absorba gran cantidad de grasas que contribuyen a niveles peligrosos de colesterol.

Artritis

Las naranjas también son conocidos para ayudar a aliviar el dolor de la artritis y la inflamación. Las naranjas tienen propiedades anti- inflamatorias y es por eso que pueden realizar esta tarea con eficacia. Con un zumo de naranja diario, puede servirnos para combartirla eficazmente.

Sistema inmunológico

Otro de los beneficios para la salud de las naranjas, es el hecho de que puede ayudar de manera significativa a la estimulación y fortalecimiento del sistema inmunológico. Las naranjas contienen niveles muy altos de vitamina C , que son fortalecedores del sistema inmunológico.

Estreñimiento

¿Tienes un problema con el estreñimiento ? Si nuestra respuesta es sí, entonces deberemos consumir naranjas con más frecuencia de lo normal, pues nos ayuda de forma muy efectiva a vencer este mal intestinal. La razón, es que la naranja tiene un alto contenido en fibra, que nos ayuda a promover la expulsión de heces.

Corazón

El último pero no el menos efectivo de los beneficios de la naranja para nuestra salud es el inmenso apoyo que le dan a nuestro sistema cardiovascular. Los expertos dicen que el ácido fólico y herperidin que se encuentra en las naranjas ayuda a mantener saludable a nuestro corazón.

Diabetes

El jugo de la naranja está recomendado para los pacientes de diabetes del tipo ll, ya que tienen poco azúcar y poseen propiedades diuréticas, con lo que pueden ayudar a regular  el exceso de azúcar en la sangre. Asimismo el contenido de vitamina C les ayuda a estos pacientes a minimizar las consecuencias que puede traerles esta enfermedad, como pueden ser las infecciones, la dificultad para cicatrizar o los problemas visuales.

Contraindicaciones

Este, como todos los alimentos, debe ser consumido con moderación, por lo menos hasta comprobar que no provocará ninguna reacción que pueda ser perjudicial para la salud, como pueden ser las alergias o problemas intestinales. Hay algunas personas que tienen que controlar el consumo del jugo de naranja puesto que si lo toman de manera abundante pueden presentar brotes en la piel o migrañas, esto dependerá del grado de tolerancia de cada persona.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Qué hábitos debemos cambiar después de los 40

Está claro que al mundo le falta mucho para convertirse en un lugar ideal. Los conflictos bélicos, las personas que viven por debajo de la línea de la pobreza y, entre otros ejemplos, las desigualdades que se pronuncian entre los que más y menos tienen, sirven como una pequeña muestra para corroborarlo. No obstante, al mismo tiempo se produjo un aumento en el promedio de esperanza de vida y también mejoró la calidad. Una tendencia que suena alentadora, pero que podría ser contraproducente si no se contempla el cuidado de la salud como una herramienta fundamental para engrosar los porcentajes positivos de las estadísticas. En ese sentido, quizás engañe ver sociedades que aparentan ser más juveniles que en otros tiempos. Si bien es cierto que una persona de 40 actual parece el hijo de una símil de un siglo atrás, el tiempo sigue pasando para el cuerpo y es preciso dedicarle su debida atención. De hecho, tras llegar a las cuatro décadas aparecen riesgos vinculados con hábitos poco saludables y factores hereditarios. La prevención, el control y cambios en el estilo de vida son fundamentales para evitar problemas futuros.

Los nuevos riesgos

“La salud es un bien de un valor incalculable, por lo cual, su cuidado debe iniciarse lo más temprano posible instaurándose hábitos saludables.”, explica el Dr Marcelo Serra, médico Internista y coordinador clínico de la Unidad VHL del Hospital Italiano de Buenos Aires. Y agrega: ” Sin embargo, luego de los 40, debe tenerse en cuenta que se incrementan algunos riesgos que van de la mano del estilo de vida y herencia. No todos somos iguales, pero por diferentes motivos biológicos se incrementan las disfunciones articulares, aumenta la frecuencia de hipertensión arterial y de infarto de miocardio; en general ligado a los factores de riesgo cardiovasculares como tabaquismo, sedentarismo, hipertensión, colesterol elevado, estrés, obesidad y diabetes”.

¿Cómo prevenir?

Se recomienda la consulta clínica anual o cada dos años, tiempo que dependerá de si existe alguna patología preexistente. Serra aconseja un chequeo de los niveles de colesterol, glucemia, presión arterial, peso corporal, perímetro de la cintura y HIV. Asimismo, se debe controlar la presión arterial, el peso, los lunares, un examen físico completo acompañado de un laboratorio. “El examen cardiovascular será especialmente importante en quienes comenzaran una actividad deportiva nueva o presenten factores de riesgo. En caso de existir otros síntomas, como urinarios o digestivos, se profundizará según el caso. Luego de los 50, ya se recomienda el rastreo de cáncer de colon y -aunque existe controversia- es prudente prestar atención a la patología prostática”, precisa Serra.

Los hábitos saludables

La actividad física es fundamental para mantenerse sano. “No debe dejar nunca de fomentarse; puntualmente la actividad aeróbica, de intensidad creciente y de una frecuencia no menor a 3 veces semanales. Las caminatas ágiles y rutinarias de al menos 40 minutos suelen ser también muy útiles”, recomienda el Dr. Marcelo Serra. Antes de iniciar una rutina deportiva es recomendable realizar una evaluación cardiológica en la que no estaría mal incluir un examen de potencia aeróbica (cuánto se puede correr de una manera moderada sin llegar a un límite crítico), una antropometría y medir la fuerza muscular en todas sus variantes.

Los hábitos alimenticios también debe formar parte de una vida sana. “Una dieta recomendable debe incluir una cantidad suficiente de fibra, vegetales, cereales, legumbres, frutas, pescado, carnes magras de vaca, cerdo o aves y de a poco dejar de lado los productos de panaderías y kioscos. Deben evitarse las gaseosas no light, el alcohol en exceso y si existiera el hábito tabaquismo es tiempo de dejarlo definitivamente”, concluye Serra.

Fuente: Conexionbrando

martes, 3 de noviembre de 2015

Conociendo la Hipertensión Arterial en el Adulto Mayor

La tensión arterial es la presión con que la sangre circula a lo largo de las arterias. Cuando se mide la tensión arterial se determinan dos cifras, una cifra máxima y una mínima. La cifra máxima o sistólica es la presión que mantiene la sangre cuando el corazón está en sístole, es decir, cuando se contrae y expulsa la sangre al resto del organismo. La cifra mínima o diastólica es la presión que oponen los vasos arteriales cuando el corazón está en diástole, es decir, cuando se dilata y se llena de sangre. 

Hasta hace algunos años se consideraba normal que los sujetos con más de 65 años presentaran una tensión arterial elevada, pues se suponía que esto era una adaptación del organismo al paso del tiempo. Sin embargo se ha demostrado que, a cualquier edad, el aumento de la presión arterial daña las arterias del organismo.

Se considera que toda persona que tenga la tensión arterial por encima de los límites de 140/90 mm Hg debe ser diagnosticada como hipertensa sea cual sea la edad que tenga. En el adulto mayor predomina el aumento de la tensión sistólica de forma desproporcionada con respecto a la elevación de la diastólica o incluso de forma aislada, y el aumento de la presión de pulso, que es la diferencia entre la tensión sistólica y la diastólica.

La hipertensión arterial es una de las enfermedades crónicas de mayor incidencia en la población adulta mayor. Se estima una prevalencia global en personas mayores de 65 años cercana al 60-70%, siendo la hipertensión sistólica aislada la mayoritaria en los adultos mayores.

En la hipertensión arterial del adulto mayor intervienen los cambios morfológicos y funcionales relacionados con el envejecimiento que favorecen la rigidez arterial y los fenómenos de arterioesclerosis, como es la perdida de elasticidad de la pared de las arterias, que por lo tanto tienen menos capacidad para adaptarse a altas presiones, lo que hace que puedan romperse u obstruirse con mayor facilidad. Por otro lado, el corazón del adulto mayor tiene menos capacidad para soportar el aumento de trabajo que le supone la hipertensión arterial y por lo tanto una mayor posibilidad de volverse insuficiente. Asimismo, influyen enormemente el estilo de vida (ejercicio, nutrición, hábitos tóxicos) y las enfermedades padecidas.

El adulto mayor tiene un riesgo más elevado de padecer complicaciones vasculares que los jóvenes hipertensos: angina de pecho, infarto de miocardio, insuficiencia cardíaca, hemorragia o trombosis cerebrales e insuficiencia renal.

La hipertensión en el adulto mayor, al igual que en el joven, se puede clasificar siguiendo distintos criterios. Los más habituales son:

  • Por la etiología, se divide a su vez en dos tipos:
    • Hipertensión arterial esencial o primaria: la causa del 90% de los casos de hipertensión arterial es desconocida, siendo una afección poligénica y multifactorial.
    • Hipertensión arterial secundaria: es el resultado de un amplio espectro de enfermedades. Su prevalencia en mayores de 70 años es entorno al 17-18%. La causa más frecuente en el adulto mayor es la hipertensión por alteración de la circulación renal. Le siguen en frecuencia otras enfermedades como el hipotiroidismo primario o la insuficiencia renal, entre otras.
  • Por la intensidad de las cifras de tensión arterial: se establecen unos grupos de presión arterial: óptima (<120/80 mm Hg), normal (<130/85 mm Hg), normal-alta (130-139/85-89 mm Hg) y alta con diferentes estadios en función de los niveles de presión arterial, a saber, estadio I o ligera a140-159/90-99 mm Hg, estadio II o moderada a 160-179/100-109 mm Hg y estadio III o hipertensión grave si es mayor de 179/109 mm Hg.
  • Según el grado de afectación de los órganos diana o trastornos clínicos asociados como la insuficiencia cardíaca o los accidentes vasculares cerebrales, y/o la presencia de factores de riesgo cardiovasculares como tabaco, dislipemia o diabetes mellitus, se establecen varios grupos de riesgo.

Las crisis hipertensivas son elevaciones de la presión arterial hasta cifras generalmente severas, diastólicas iguales o superiores a 110 mm Hg, habitualmente superiores a 130 mm Hg, instauradas en un tiempo más o menos rápido. Si se acompañan de síntomas sugestivos de lesión aguda de órganos diana, como obnubilación o delirio, disnea, edema periférico, dolor torácico, etc., se habla de emergencia hipertensiva. Pero si no se acompaña de síntomas severos o progresivos de daño orgánico, se habla de urgencia hipertensiva. En ausencia de síntomas una elevación de la presión arterial hasta cifras severas no debe considerarse una emergencia, sino simplemente una hipertensión severa.

La hipertensión arterial evoluciona de forma silente durante decenios, por lo que los adulto mayors sin tratamiento o incumplidores del mismo tienen riesgo de desarrollar lesiones de “órganos diana” por el efecto directo de la tensión elevada o por acelerar y agravar la arteriosclerosis. Las consecuencias son:

  • Efectos cerebrales: la hipertensión arterial es la causa más importante de accidente vascular cerebral. También existe una estrecha relación entre la hipertensión y el desarrollo posterior de deterioro cognitivo o demencia.
  • Efectos cardíacos: constituyen la cardiopatía hipertensiva. Su primera y más frecuente repercusión es la hipertrofia del ventrículo izquierdo, responsable de complicaciones como insuficiencia cardíaca, cardiopatía isquémica, arritmias ventriculares o muerte súbita.
  • Efectos renales: la hipertensión arterial es tanto una causa como una consecuencia de la nefropatía aguda o crónica, constituyendo también un factor determinante de progresión de la enfermedad renal y del riesgo de insuficiencia renal terminal.
  • Efectos vasculares: la hipertensión arterial afecta primariamente a las arterias y arteriolas, ocasionando vasculopatía periférica en forma de claudicación intermitente y vasculopatía retiniana con pérdida de visión.

El procedimiento básico de detección de la hipertensión arterial es la medición protocolizada de ésta en todos los enfermos que acuden a consulta médica puesto que éste es un proceso frecuentemente asintomático. En los pacientes adultos mayores este procedimiento requiere especial cumplimiento dada la elevada prevalencia de hipertensión arterial en dicho grupo de población, su bajo coste y su elevado rendimiento. En cualquier caso la confirmación del diagnóstico implicará varias mediciones, al menos dos o más lecturas en dos o más visitas diferentes si se realizan en consulta.

El fenómeno de bata blanca (cifras altas de tensión arterial puntuales en situaciones de estrés, más concretamente en la consulta del profesional sanitario) es más frecuente en pacientes adultos mayores y afecta de forma más intensa a la presión arterial sistólica. El uso de la automedida domiciliaria de la presión arterial (AMPA) y de la monitorización ambulatoria de la presión arterial (MAPA) debería ser habitual en los pacientes mayores de 65 años.

Siempre hay que considerar los factores que puedan agravar la hipertensión arterial, como son obesidad, sedentarismo, diabetes mellitus, exceso de sal común, abuso de alcohol, estrés o exceso de preocupaciones, ansiedad, angustia, fármacos como corticoides o antiinflamatorios, etc. Algunas personas heredan una cierta predisposición a ser hipertensas, pudiendo presentarse en varios miembros de una familia. La cafeína puede aumentar de forma aguda la tensión arterial pero no tiene relación directa.

El estudio de la hipertensión arterial en el adulto mayor no difiere en gran medida del propio del adulto joven; no obstante, tiene algunas peculiaridades. Se realizará una historia clínica completa y una exploración física, una analítica básica de sangre y orina, un electrocardiograma, una radiografía de tórax y una exploración del fondo de ojo. La investigación está dirigida a varios puntos principales:
  • Confirmación del diagnóstico de hipertensión.
  • Valoración de la posible repercusión en órganos diana.
  • Descartar causas de hipertensión secundaria.
  • Buscar otros factores de riesgo cardiovascular y enfermedades asociadas.

Mientras que el objetivo del tratamiento antihipertensivo en el adulto joven se plantea en términos de disminución de la morbimortalidad cardiovascular y renal, el objetivo prioritario en el adulto mayor debe de ser el mantenimiento de la expectativa de vida libre de discapacidad o, en su defecto, la maximización de la función.

Es imprescindible la realización de un tratamiento no farmacológico previo o conjuntamente a la terapéutica con fármacos, y modificar estilos de vida. Se recomienda:
  • Reducción de la ingesta calórica en caso de sobrepeso.
  • Reducción de la ingesta de sodio mediante supresión de la utilización del salero en la mesa y evitando tomar alimentos precocinados, enlatados y embutidos. Es preferible su utilización sobre la comida una vez cocinada, en vez de utilizarla durante la cocción.
  • Aumento del consumo de potasio (frutas frescas, vegetales y cereales).
  • Aumento de la ingesta de calcio.
  • Andar diariamente más de media hora al día, preferiblemente entre 1 y 2 horas. En los sujetos no entrenados, el objetivo se debe alcanzar de forma paulatina.
  • No ingerir más de 30 gr de alcohol/día (equivalente a 300 ml de vino, 500 ml de cerveza o una copa de licor).

En los casos en que las medidas no farmacológicas no sean suficientes, se podrá prescribir terapia farmacológica individualizada según el grado de hipertensión y las condiciones particulares de cada paciente, en especial las comorbilidades y los tratamientos previos y concomitantes.

El comienzo del tratamiento se hará a la dosis mínima recomendada con aumento progresivo según el objetivo terapéutico a conseguir. La mayor parte de los pacientes necesitará más de un fármaco para controlar la presión arterial, debiendo combinarse los indicados de primera elección. Se recomienda el uso de combinaciones fijas para mejorar la cumplimentación terapéutica, puesto que la mayor parte de los enfermos estarán polimedicados. Se deberá estar atento a los efectos secundarios e interacciones que se puedan presentar.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Trastornos del sueño en el Adulto Mayor

El sueño se establece dentro de un ciclo regular de actividad corporal que se conoce como “circadiano” y que además del sueño-vigilia regula la tensión arterial, la secreción de ciertas hormonas como la cortisona o la temperatura corporal, entre otros.

El ciclo sueño-vigilia normal se produce de manera espontánea y periódica cada 24 horas, con 2 fases de sueño: la fase REM de movimiento rápido de ojo (del inglés Rapid Eye Movement) y la fase no REM, que se repiten 4-5 veces cada noche. La fase no REM es la reparadora; en ella hay varias fases: la 1 y la 2 son las de transición de la vigilia, superficiales; la 3 y la 4 son las más profundas. La fase REM es en la que se producen los sueños y es especialmente importante en el estado cognitivo.

A lo largo de la vida, la estructura del sueño se modifica. Conforme el individuo envejece la cantidad total de tiempo que se invierte en el sueño lento se reduce y en consecuencia aumenta el tiempo de sueño ligero (fases 1 y 2). También sucede que el primer período de sueño REM tarda más en establecerse y el tiempo total que se invierte en sueño REM se reduce.

En general los pacientes ancianos tardan más tiempo en dormirse y se despiertan más fácilmente, experimentan frecuentes despertares por la noche y a primera hora de la mañana, lo que les hace más proclives a echar siestas durante el día. Los cambios en el ritmo circadiano también provocan que la conciliación del sueño sea más temprana en personas mayores. Todos estos cambios pueden conllevar un menor nivel de alerta y vigilancia diurnos, una excesiva tendencia a dormir durante el día, cambios de humor y un aumento del riesgo de caídas.

La duración total del sueño disminuye gradualmente, ya que a partir de los 50-60 años se duerme menos tiempo, con un sueño de peor calidad, al cursar éste con frecuentes interrupciones. Así, en líneas generales, el adulto mayor suele dormir un promedio de 6 horas nocturnas y 1-2 horas diurnas frente a las 7-8 horas nocturnas de un adulto no adulto mayor. Aunque en el adulto mayor se prolonga el tiempo que pasa en la cama, estando un promedio de 8,5 horas en ella. Aumenta el número de siestas durante el día y existe una mayor somnolencia y fatiga diurnas.

Aunque existen varias definiciones académicas, en términos prácticos, este trastorno del sueño por defecto se puede definir como "una dificultad para conciliar el sueño o para mantenerlo o incluso un despertar precoz, acompañados de una sensación insuficiente o no reparadora, que se presenta por lo menos 3 veces en una semana durante un mínimo de 1 mes, con las consiguientes repercusiones sobre la vigilia diurna, lo suficientemente graves para dar lugar a cansancio diurno y otros síntomas observables."

Los trastornos del sueño son problemas frecuentes e importantes en el adulto mayor y de ellos el más relevante es el insomnio. Más del 50% de las personas mayores de 65 años que viven en su domicilio refieren tener problemas habituales con el sueño cuando se les pregunta, llegando a alcanzar cifras de alrededor de 2 de cada 3 en el caso de adultos mayores institucionalizados.

Si bien es reconocido que el sueño reconstituye y repara y que la consecuencia más importante de la falta de sueño es un aumento de la somnolencia diurna, su importancia radica también en que incide en el estado general de salud causando irritabilidad, mal humor, falta de concentración, deterioro de la memoria y, por consiguiente, una merma de la salud física y mental, con un intenso efecto negativo sobre la calidad de vida del anciano. Se asocia, además, a un incremento de la morbimortalidad a causa de una disminución del grado de alerta, causando, por ejemplo, accidentes de tráfico, domésticos, caídas, etc.

Asimismo, no se debe olvidar que estas alteraciones del sueño provocan un uso más bien indiscriminado de fármacos para dormir, dando lugar a una de las causas más comunes de reacciones adversas a fármacos entre los adultos mayores.

Formas clínicas

El insomnio se puede clasificar de varias formas, teniendo especial interés práctico valorarlo en función de su severidad, duración y momento de inicio a lo largo de la noche. Así pues, se habla de:

  • Insomnio transitorio: su duración es inferior a una semana. Suele ser autolimitado y con un claro desencadenante, que en el caso de los adultos mayores, suelen ser los cambios de domicilio o dormitorio o las enfermedades agudas intercurrentes.
  • Insomnio de corta duración: su duración se mantiene durante un máximo de 3-4 semanas. Frecuentemente su factor desencadenante es un trastorno afectivo-emocional, como la perdida de un ser querido o problemas con familiares o amigos. Ocasionalmente esta causado por problemas orgánicos agudos graves. Hay que tener en cuenta que muchos de ellos pueden cronificarse.
  • Insomnio crónico: es aquel que tiene una duración mayor de 4 semanas, incluso pudiendo durar meses o años. Aunque algunos tienen una causa orgánica reconocible, suelen plantear problemas tanto de severidad como para conocer su causa. Dentro de este grupo se incluye el ocasionado por fármacos, alcohol, trastornos psicológicos, alteración del ritmo vigilia/sueño y el llamado insomnio "condicionado", que se caracteriza por tratarse de sujetos que tienen tendencia a dormirse en determinadas situaciones, como por ejemplo al ver la televisión, presentando después dificultades para conciliar el sueño por la noche.
  • Insomnio de conciliación o precoz: aparece al comienzo de la noche y se considera cuando se tarda en conciliar el sueño más de media hora. Puede ser debido a patología ansiosa, comidas demasiado abundantes en la noche, calor excesivo en la habitación, preocupaciones recientes o consumo de tóxicos.
  • Insomnio intermedio: se sufren despertares frecuentes durante la noche, aunque se haya dormido bien al inicio. Este tipo de insomnio es frecuente en los síndromes dolorosos, en el síndrome de piernas inquietas, en enfermedades prostáticas, en las insuficiencias cardiorespiratorias y en diversos cuadros psiquiátricos.

Asimismo, con la edad, ocurren cambios en el reloj biológico o ritmo circadiano, de tal manera que a medida que se envejece éste se avanza, produciendo un adelanto de la fase de sueño, de ahí que muchos adultos mayores se quejen de despertarse pronto por la mañana y ser incapaces de volver a dormirse. Estas personas empiezan a sentir sueño al final de la tarde, alrededor de las 20-21 horas, despertándose de madrugada. Por esto mismo, aunque retrasen su hora de acostarse, seguirán despertándose de madrugada, lo cual significa que sólo duermen unas 5-6 horas, según su reloj biológico adelantado. Estos adultos mayores requieren como mejor tratamiento la exposición a la luz solar al mediodía o primera hora de la tarde.

Como trastornos primarios del sueño de elevada frecuencia en el anciano que pueden manifestarse como insomnio con frecuentes despertares nocturnos y somnolencia diurna, cabe destacar:

  • Síndrome de Apnea del sueño (SAS): aunque en estos casos la hipersomnolencia diurna es más típica, los pacientes pueden manifestar como queja primaria el insomnio. Ocurre en un 28% de los varones y un 19% de las mujeres mayores de 65 años. Son individuos que no pueden respirar durante el sueño, con episodios de cese de la respiración (apnea) que pueden durar de 10 segundos hasta 1 ó 2 minutos. La falta de respiración provoca despertares precoces o un sueño poco reparador. Pueden existir desde 10 hasta más de 100 episodios de apnea por hora de sueño. Debe ser sospechado en adultos mayores, sobre todo varones que roncan, obesos, hipertensos, con un sueño fragmentado y no reparador que presenten lentitud mental y falta de concentración. Su importancia radica en que estos pacientes tienen un riesgo aumentado de morbimortalidad cardiaca y cerebrovascular. Ante la sospecha, sería aconsejable remitirlos a la consulta de un neumólogo para conocer sus causas, valorar un estudio polisomnográfico y establecer un tratamiento, bien sea higiénico, como perder peso, farmacológico, mecánico mediante un aparato de presión continua positiva en la vía aérea (CPAP), o incluso quirúrgico, según su origen y gravedad.
  • Síndrome de piernas inquietas: aparece antes de dormir y se caracteriza por una urgencia irresistible de mover las piernas, lo que le obliga a cambiar de posición de forma permanente, dificultando la conciliación del sueño, tanto del paciente como de su acompañante de cama. Suele asociarse a las mioclonías nocturnas, que son movimientos periódicos de las piernas mientras se duerme, de 2-4 segundos de duración y repetidos cada 20-40 segundos. Cada movimiento va seguido de un breve despertar. Ocurre en un 30-45 % de los adultos mayores. Si se manifiestan con clínica, se descartarán entre otras causas la insuficiencia renal, diabetes, enfermedad de Parkinson o efectos de fármacos. Su tratamiento es difícil y con efectos variables.

En muchas ocasiones el problema del sueño se debe a otros problemas; son los trastornos del sueño secundarios:
  • Enfermedades médicas: cualquier enfermedad lo suficientemente grave puede romper el ciclo vigilia/sueño. Los mecanismos habituales que pueden causar insomnio son el dolor, como en enfermedades neoplásicas u osteoarticulares; la disnea, como en enfermedades cardiorespiratorias; el aumento de la frecuencia urinaria o nicturia (un 20% de los despertares de más de 5 minutos en los adultos mayores es causado por el deseo de orinar); enfermedades endocrinas o prostáticas; reflujo gastroesofágico que causa ardor de estómago; y otros muchos.
  • Enfermedades neuropsiquiátricas: como la demencia y la depresión, cursan con gran frecuencia con problemas del sueño. Las pesadillas son frecuentes en adultos mayores con infartos lacunares cerebrales, enfermedad de Parkinson que toman levodopa o en adultos mayores que toman fármacos que actúan sobre la fase REM del sueño como los antidepresivos tricíclicos, el propanolol, los esteroides o la quinidina. En las demencias no es raro que se dé el llamado “síndrome del crepúsculo” que consiste en alteraciones del comportamiento (agitación, agresividad, alucinaciones, etc.) que se inician a la caída de la tarde.
  • Uso de fármacos y otras sustancias: casi todos los fármacos pueden afectar al sueño. Se tiene que tener en cuenta que la mayoría de los adultos mayores toman una o más medicaciones y sus efectos se pueden sumar e incluso multiplicar, bien porque los fármacos actúen directamente sobre el sueño, como en el caso de la teofilina, los antihipertensivos de acción central, la fenitoína, los betabloqueantes o el uso crónico de fármacos tranquilizantes o hipnóticos, bien a través de mecanismos farmacológicos indirectos como la nicturia que causan los diuréticos o la hipoglucemia por mal ajuste de los antidiabéticos orales.
  • El alcohol, el tabaco, la cafeína y el chocolate son estimulantes cuya acción puede durar más de 12 horas. Aunque existen variaciones individuales, los adultos mayores, a causa de su metabolismo, suelen ser más sensibles a sus efectos.
  • Se incluyen también malos hábitos de sueño, factores ambientales, problemas sociales, situaciones de estrés o falta de adaptación a cambios en el estilo de vida.


Diagnóstico:

Algunos adultos mayores o sus familiares piensan erróneamente que la somnolencia diurna es normal en la vejez, así como creen que las personas mayores necesitan dormir menos, por lo que puede influir en que no informen de sus problemas a su médico. Esto hace que, junto a que los adultos mayores suelen sobrevalorar o infravalorar la duración y calidad de su sueño, sea a veces difícil detectarlos y por tanto establecer su tratamiento. En otras ocasiones los cuidadores creen que la persona mayor debe acostarse temprano y despertarse tarde, con unas expectativas desproporcionadas respecto el sueño de los mayores.

Por todo esto en las personas mayores debe confirmarse que realmente exista insomnio y con la colaboración del paciente, sus familiares y cuidadores (en especial si conviven con el adulto mayor) y su pareja se debe averiguar lo siguiente:

  • Comprobar el número de horas que se duerme a lo largo de todo el día y sumarlas. Valorar si la demanda procede del paciente, la familia o los cuidadores; si lo que se pretende es que duerma un número excesivo de horas.
  • Averiguar a qué hora se acuesta, pues si es temprano es lógico que se despierte a las 4 ó 5 de la mañana. Que una persona anciana duerma una media de seis horas al día es suficiente, con todas las diferencias individuales posibles. En ocasiones puede creer que no duerme, así como también la familia y los cuidadores, porque se acuesta temprano y duerme durante el día. En las instituciones a veces se pretende que duerman demasiado.
  • Se debe identificar si existen enfermedades físicas o psíquicas que provoquen o favorezcan el cuadro. Investigar todas las medicaciones que consuma el paciente, incluso productos de parafarmacia, herbales o naturales, que pueden estar repercutiendo en el sueño. Conviene comprobar si padece de un trastorno prostático, existen cuadros dolorosos o toma diuréticos, sufre de insuficiencia cardiorrespiratoria, toma broncodilatadores, etc.
  • Se ha de interrogar a la pareja si observa ronquidos, pesadillas, bruxismo (rechinar de dientes), tirones en las piernas o movimientos bruscos en la cama.
  • Preguntar al paciente si tiene dificultades para conciliar el sueño, si padece despertares tempranos por la mañana o si los despertares son múltiples a lo largo de la noche. Se debe interrogar cómo se siente por la mañana y a lo largo del día y si precisa de siestas. Asimismo, se ha de averiguar si se automedica y las rutinas que sigue al acostarse y levantarse. Es útil la realización de un "diario del sueño" donde se reflejen estos aspectos durante las 24 horas del día en un periodo de 2 a 3 semanas.
  • Los estudios polisomnográficos en el adulto mayor se recomiendan en situaciones especiales, como en caso de duda, durante el estudio de las apneas del sueño o del síndrome de piernas inquietas.

Tratamiento

El tratamiento del insomnio depende de los factores precipitantes: alivio del dolor, control de la ansiedad y de la depresión, tratamiento de la disnea y de la micción nocturna, control de la acidez y del reflujo gastroesofágico, etc.


En cualquier caso es necesario llevar a cabo la llamada higiene del sueño, una serie de consejos para conseguir un sueño efectivo y reparador. Estos son:

  • Evite las comidas pesadas poco antes de acostarse. Por otro lado, tampoco debe acostarse con hambre.
  • Evite los estimulantes como la cafeína, el té y el chocolate al menos 6 horas antes de dormir.
  • Evite beber alcohol poco antes de la hora de dormir. Mientras inicialmente puede adormecerlo, el alcohol mantiene su cerebro en un sueño superficial y poco reparador.
  • Evite la nicotina durante la noche. Esto incluye tanto el tabaco como sistemas para dejar de fumar como los parches de nicotina. La nicotina es un estimulante, como la cafeína. Los fumadores a menudo tienen problemas para dormir porque la duración de una buena noche de sueño es mayor que lo que sus cuerpos quieren resistir sin un cigarrillo y se despiertan temprano debido a la falta de nicotina.
  • Haga ejercicio en las primeras horas del día, de forma regular; evítelo justo antes de irse a dormir.
  • Acuéstese y despiértese a la misma hora todos los días (no haga siestas o, en todo caso, procure que no duren más de 30 minutos).
  • Utilice la cama únicamente para dormir o para la actividad sexual.
  • No transforme su tiempo en la cama en el tiempo de resolver sus problemas. Haga una lista de las cosas que ha de hacer al día siguiente y después intente quitarlas de su mente.
  • Si no puede conciliar el sueño después de 20 minutos, levántese de la cama y realice una actividad tranquila como leer o escuchar música.
  • Duerma sólo lo necesario para encontrarse descansado y despejado al día siguiente. Limite la presencia en la cama a un máximo de 8 horas.
  • Procure que el dormitorio sea tranquilo y sin exceso de luz, con una temperatura agradable. Conviene dormir en una cama cómoda y con un pijama adecuado, que no apriete y no dificulte los movimientos.
  • No se esfuerce demasiado en intentar dormir; si después de unos 30 minutos de estar en la cama es incapaz de conciliar el sueño, levántese y realice alguna actividad relajante como leer, darse una ducha de agua templada o escuchar música hasta que sienta de nuevo sueño. Evite mirar constantemente qué hora marca el reloj.
  • Limite la ingesta de líquidos previa a irse a la cama, así evitara los despertares nocturnos para ir al baño.
Solamente cuando lo anterior no haya dado resultado se recurrirá a los tratamientos farmacológicos, siempre bajo prescripción y control médico
.
La toma de benzodiacepinas de vida media corta o de otros fármacos, además de realizarse a la menor dosis posible, se prescribirá solamente en el caso del insomnio transitorio o de corta duración, o bien a corto plazo en el insomnio de tipo crónico, de forma intermitente, ya que el uso de dichos tratamientos de forma prolongada puede dar lugar a dependencias farmacológicas y empeorar los problemas para conciliar y mantener el sueño.

Fuente: Mapfre

 
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